La entrada de hoy inaugura un nuevo tipo de posts: Dioses, Mitos y Héroes. Y para empezar, vamos a hablar del mito del laberinto del Minotauro y la relación de Conan con él.

En el año 1980, Vértice publicó un comic que unos años más tarde caería en mis manos (Conan the Barbarian, King Size Annual 1979). El cómic contenía dos historias de Conan en dos épocas de su vida distintas y una del rey Kull. Pues bien, este cómic supuso mi primer contacto con el famoso laberinto del Minotauro y, si bien años más tarde conocí el mito heleno, siempre se me viene primero a la cabeza esta historia del rey Conan, yendo a Nemedia a rescatar a una concubina del rey Tarascus. Su nombre era Zenobia y, cuando Conan había sido apresado por el propio Tarascus unos años atrás, ella le ayudó a escapar.

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Pero antes, os voy a contar el mito griego del laberinto del Minotauro, ya que, como veremos más adelante, guarda mucha relación con el regreso de Conan a Nemedia en busca de su amada.

El mito comienza en el Mediterráneo, cuando el rey de Creta, Asterión, muere. Deja como herederos a los hijos de su mujer Europa (a pesar de que dichos hijos son vástagos de Zeus,  que en el pasodo adoptó la forma de un toro, sedujo a Europa y la llevó a la isla cetrense). Uno de ellos, Minos, hizo un pacto con Poseidón, para que le ayudara a ganar el trono. Poseidón hizo emerger un gran toro blanco del mar, y Minos, una vez fuera coronado rey, tenía que sacrificar al gran toro. Pero al ver lo magnífico que era el ejemplar, decidió sacrificar a otro toro de sus establos, confiando en que el dios no se daría cuenta. Un error muy grave…

Un enfurecido Poseidón, hizo que la mujer de Minos, Pasífae, desease al toro del mar, hasta el extremo de encargarle a Dédalo una máquina en forma de vaca para conseguir copular con él. Una vez consumado el acto, Pasífae se quedó embaraza y, como resultado de esta extraña unión, nació el Minotauro, con cuerpo de hombre y cabeza de toro.

Kylix ático de figuras negras, c. 515 a.C (tondo) - Minotauro. MAN Madrid

El rey Minos, recordó entoces las palabras que le dijo Poseidón cuando se enteró del engaño:

«Aprenderás una dura lección que no olvidarás nunca. Ningún mortal es nada sin los dioses. Tu familia conocerá la desgracia y tú serás recordado para siempre por el toro que llevará tu nombre»

Minos, destrozado por la culpa, hace encerrar al Minotauro. Para ello, Dédalo diseña un laberinto del que es imposible salir, y que se convertirá en su hogar.

Pasaron los años, y tras ganar una guerra a Atenas, el rey ateniense Egeo tiene que enviar todos los años a 7 varones y 7 vírgenes para que sirvan de alimento al Minotauro (un duro castigo, pero Minos supo que su hijo Andrógeo había muerto por culpa de Egeo, y quería que sintiese todos los años el mismo dolor que él). Cuando uno de los hijos del rey ateniense, Teseo, se da cuenta de para qué parten todos los años una embarcación hacia Creta, decide formar parte de uno de los envíos, para liberar a Atenas de tan pesada carga matando al Minotauro, y de paso conseguir entrar en las leyendas al ser el hombre que lo venció.

Egeo le hizo prometer que, cuando volviera de su viaje, cambiase las velas con las que partía su barco, que eran de color negro, por unas blancas. Así, el viejo rey sabría antes de que llegara, si su hijo había vencido o si bien había muerto a manos del Minotauro. Él lo esperaría en el alto del cabo Sunión, cerca de Atenas.

Así llegó Teseo a Cnosos, donde mientras dormía apresado antes de entrar en el laberinto, recibió una visita inesperada. Una chica, de una gran belleza, había entrado diciéndole que quería ayudarlo. Para ello, sacó una mezcla de aceites y untó su cuerpo para que le fuese más fácil escapar al abrazo del Minotauro. Además, le dio un ovillo de una amalgama de oro y lana, fabricado por Dédalo, que era muy dificil de romper. Entonces le dijo:

«Fija un extremo a un lugar cercano a la salida y ata el resto a tu cinturón dejando que el hilo se vaya desmadejando sin trabarse. Será tu salvoconducto para volver a la vida»

Aquella chica se llamaba Ariadna, y era la hija del rey Minos.

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A la mañana siguiente, Teseo entra en el laberinto aferrando el ovillo de lana, y se adelanta para hacer frente al Minotauro. Dentro, la oscuridad era tal que parecía que era de noche. No había escapatoria, todos los caminos llevaban al centro. Teseo agudizó su olfato y su vista aclimatada a la oscuridad, para detectar la presencia de su enemigo cuando fuera a por él. Al poco, el Minotauro se abalanzó sobre él, y resultó que el plan de Ariadna era bueno, ya que Teseo se escurrió entre los músculos de hierro del monstruo. En medio de la batalla, El Minotuauro se enganchó con el hilo que llevaba Teseo. Aprovechó ese momento el ateniense para atacar, y luego de una encarnizada lucha, matar al Minotauro. Teseo, presa de la ansiedad de que se rompiese el hilo, lo aferra con fuerza y consigue escapar del mortal laberinto.

Fuera, sólo lo espera Ariadna, junto con sus hermanos atenienses. Ella le pide que lo lleve con él, y Teseo acepta. Inutilizan las naves cretenses, y se lanzan al mar, saboreando la vida y la libertad. Él, Teseo, había acabado con el Minotauro, suya era la gloria. Pero en su interior, sabía que no lo había conseguido sólo, ya que sin la ayuda de Ariadna, jamás habría triunfado.

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De vuelta a Atenas, hicieron escala en la isla llamada Naxos. Aquí, Teseo y Ariadna yacieron juntos. Pero al amanecer, una voz le inculcó al ateniense que abándonase a Ariadna y se fuese sin mirar atrás. Teseo, presa de esa fuerza que no podía controlar, se levantó y se marchó corriendo haciendo sus naves, abandonando a Ariadna en la isla con un gran sentimiento de culpa.

Esa voz, era Atenea, que le instó a irse sin Ariadna porque ella estaba predestinada al dios Dionisio, el cual la fue a buscar y se la llevó consigo.

Teseo navegaba enfrascado en sus pensamientos, y cuando el rey Egeo divisó su barco, al ver las velas negras, no pudo aguantar su dolor, ya que pensaba que su hijo había muerto. Sin esperar más, el viejo rey se lanza desde el acantilado, muriendo en el acto. A partir de entonces, el mar griego llevará su nombre, el mar Egeo.

Y así termina la triste historia de Minos, el Minotauro, Teseo y Ariadna. El gran rey Minos, cuya civilización fue bautizada en su nombre, minoica, pero que también será siempre recordado por el monsturo del laberinto, el Minotauro.

¿Y que tiene que ver esta historia con Conan? Bien, pues en este cómic, Conan, para liberar a Zenobia, tiene que enfrentarse al Minotauro (que en este cómic de Vértice, lo tradujeron como el Manotuaro!!).

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El rey Tarascus tiende una trampa al rey de Aquilonia, haciendo que entraran en la ciudad de Belverus con sólo unos pocos de sus soldados (entre ellos el hijo de un general de su confianza, Phaidon). Tras una corta lucha, sus tres hombres desaparecen . Conan, en clara desventaja, también es hecho prisionero.

Para diversión del rey nemedio, hace atar a Zenobia en el centro de un laberinto, donde le enseña a Conan su contrincante, el Minotauro (aunque en esta versión es la mitad inferior toro y la superior hombre, a excepción de unos cuernos, que lo asemeja más a un centauro). Si quiere salvar a su futura reina, Conan tendrá que encontrar el centro más rápido que el monstruo.

Como en el caso de Teseo, Conan agudiza su sentido del olfato, y al detectar el perfume de Zenobia, corre por el laberinto con tanta seguridad, que llega justo al mismo tiempo que el Minotauro. Con las manos desnudas, al igual que el mito, Conan consigue matar a su enemigo partiéndole el cuello. Lamentablemente, no pudo disfrutar de su victoria, ya que el Minotauro era el propio Phaiton, hijo de su amigo Pallantides, que había sido transformado en semejante monstruo a través de la hechizería.

El cimmerio, presa del dolor, saca al bárbaro que lleva dentro, y consigue matar a todos sus adversarios una vez sale del laberinto, incluido el propio Tarascus. Eso sí, al igual que el mito, Conan también sería ayudado por una mujer, ya que cuando se recuperaba de una batalla impresionante contra el general del rey, varios años más joven, Tarascus aprovechó para acercarse por la espalda con un cuchillo. Todo parecía llegar su fin, pero en el último momento, Tarascus cae al suelo, atravesado por una flecha.

Una flecha lanzada por Zenobia, que la descubre como una mujer de una fuerte personalidad, y no una simple concubina como se podía pensar hasta este momento. De Zenobia hablaremos en posteriores post, y concretamente de una mujer histórica del siglo III despúes de Cristo, Zenobia de Palmira.

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Afortunadamente, esta relato termina mucho mejor que el mito heleno, ya que Conan, al contrario que Teseo, no abandona a la mujer que lo ayudó a sobrevivir, y vuelven a Aquilonia para preparar su boda.

«¡¡Vivan el rey y la futura reina de Aquilonia!!»

Nota: La historia que acabo de mostraros, también fue publicada en blanco y negro por Forum en uno de sus míticos tomos de SuperConan, concretamente el número 10.

El original USA corresponde al número 4, King-Size Annual, 198